lunes, 31 de mayo de 2010

La caída del águila

Cristina Pacheco
Llevo dos semanas de trabajar aquí. En esta calle los accidentes y los pleitos son cosas de todos los días, por eso hoy, cuando escuché gritos, no hice caso. De pronto se me llenó la farmacia de gente. Dos jóvenes sostenían a un hombre que se tambaleaba. "¿Está borracho?" "No. El Macaco, un franelero que se cree el dueño de esta cuadra, lo golpeó muy feo en el pecho. A lo mejor le afectó el corazón".

Aclaré que no soy doctora y sólo podía alojar al golpeado mientras llegaba una ambulancia. "Voy a ir por una patrulla para que se lleve a El Macaco. Desde que apareció aquí no permite que nadie trabaje en su cuadra y al que se atreve a hacerlo, lo deja como a este pobre", dijo Patricia, la mesera de Las Pequeñas Delicias.

El golpeado se opuso: "No llamen a nadie. Ya casi estoy bien. Lo único que tengo es mareo. Si descanso un rato se me pasará". Los muchachos lo depositaron en la única silla que tengo y le ofrecí un vaso de agua. Apenas pudo sostenerlo porque temblaba. Seguía asustado. Le pregunté su nombre y tardó en responder: "Eufrasio". "¿No quiere que mejor lo llevemos a su casa? ¿En dónde vive?"

Eufrasio levantó las cejas: "Por los Remedios". "¿Y qué anda haciendo por acá?" "Chambeando, ¿qué más? Por ciento, ¿no vieron mi franela? Voy a necesitarla para seguir jalando". Patricia se apoyó en su hombro: "Como no quiere que vayamos por una patrulla, mejor búsquese otra calle. Si se queda aquí volverá a tener problemas con El Macaco. Es un desalmado: por un peso es capaz de cualquier cosa. Imagínese qué no hará por diez. ¿Eso fue lo que le dio el señor que le dejó encargado su coche?" "Sí, pero El Macaco me los arrebató".

Poco a poco los curiosos se fueron. La última en salir fue Patricia. Sentí temor de quedarme sola con Eufrasio y de que pudiera sucederle algo: "¿Seguro que está bien?" "Mejor que antes". "¿Le duele menos el golpe?" Levantó la cabeza y me miró: "No, la conciencia. Y yo que ni me acordaba. Hace uno las cosas sin pensar que alguien va llevándonos la cuenta y un día nos la cobrará".

Creí que Eufrasio deliraba. Más me preocupó verlo cerrar los ojos. "¿Tiene sueño? Cuando uno recibe un golpe es mejor no dormir". Tardó en hablar: "Dentro de pocos años, ¿quién le presentará la cuenta al tipo ése? No estaré para verlo, pero estoy seguro de que dirá lo que acabo de decirle a usted: Y yo que ni me acordaba". No resistí la curiosidad: "¿De qué?"

II

"De cuando fui Hombre-Aguila. Era joven, estaba fuerte y podía cargar la máscara, el escudo, las alas. Todo prestado, hasta mi macana. Era de mi padrino Claudio: cada año la hacía de soldado romano en Iztapalapa. Abandonó las representaciones cuando ya no pudo echarse tres, cuatro kilómetros al rayo del sol. No es por presumirle pero llegué a caminar mucho más, aunque estuviera vendiendo en un mismo crucero.

"Cuando mi padre nos abandonó yo era todavía un chamaco. Desde entonces vendí de todo para sostener a mi madre. Luego lo hice para mantenerme. Andaba

por todas partes vendiendo limones, cerillos, ajos, zacates, monos de peluche, refrescos, dulces. Un despachador me aconsejó que tratara de quedarme en un solo lugar, porque de otra forma no haría clientela. Le hice caso, pero créame que no fue fácil hacerme de un sitio fijo.

"Cuando llegué al crucero de Sullivan encontré de todo: desde tragafuegos y muchachos que se revolcaban sin camisa sobre vidrios, hasta enfermos. A los que éramos vendedores de toda la vida nunca nos pareció justo que a una persona, nomás por estar gangrenada o tullida, le llovieran las limosnas. En cambio nosotros, para ganarnos un centavo, teníamos que correr de un lado a otro toreando coches, camiones y tráileres.

"Busqué la forma de emparejar las cosas. En cuanto terminaba mi venta me iba a San Hipólito para pedir a San Juditas que me sucediera un accidente chico porque, según yo, sería más fácil vender con una pata chueca o un brazo jodido. Nunca me sucedió nada porque mi madre siempre rezó por mí, hasta cuando le rogué que mejor ya no lo hiciera.

III

"Después del 85 la competencia se puso tan dura, que pensé en irme a otro crucero. Mi mamacita me hizo entender que si me iba de mi lugar otro llegaría a ocuparlo. Y sí, todo el tiempo aparecían pordioseros y vendedores nuevos. Un día llegó una muchacha con la cara pintada de negro y alas blancas. Llamó mucho la atención y todos los que pasaban por allí le ponían monedas en la mano, sin que ella se molestara en pedir.

"Ya sabe usted: lo que hace la mano hace la tras.

"Enseguida se disfrazaron todos los vendedores de Sullivan. El crucero se volvió un carnaval en donde había tragafuegos, diablos, charros, cantinflas, toreros, payasos, domadores y hasta novias con su vestido blanco y toda la cosa. En medio de tanto desfiguro, ni quién se interesara en comprarme mis trapos de cocina, que era lo que yo vendía entonces.

"Otra vez pensé en cambiarme de crucero. Mi madre me dijo que en Sullivan ya tenía mi lugarcito, lo único que necesitaba era competir poniéndome un disfraz más llamativo que el de los otros vendedores. Recordé que mi padrino, en sus tiempos de aspirante a luchador, se ponía un disfraz de Hombre-Aguila. Siempre me gustó, porque me recordaba el verso que me aprendí en cuarto de primaria, el último año que estuve en la escuela: '¡Oh Caballeros Aguilas! ¡Oh Caballeros Tigres! Os traigo mis canciones'.

"Mi padrino me facilitó el disfraz y me aconsejó cambiar de giro. Dejé los trapos de cocina y me puse a vender cuchillos. Lo más difícil fue acostumbrarme a la máscara, porque no me dejaba respirar. Me fregué ensayando todo un domingo completo, pero valió la pena: el lunes que me presenté en Sullivan, mis competidores se achicaron. Y más cuando desplegué las alas para exhibir las cajas de cuchillos.

"En esa temporada me fue muy bien con las ventas y hasta me hice popular: los gringos me tomaban fotos y los periodistas querían entrevistarme. Los otros vendedores, con todo y sus disfraces, se retiraron del punto y quedé como su único dueño hasta que se presentó un viejo para vender chicles. Lo había olvidado, pero ahora lo recuerdo como si lo tuviese frente a mí: era poco más o menos de la estatura que tengo ahora -uno al paso de los años se achaparra-, calvo, con una cicatriz en la frente, chimuelo. Iba vestido de harapos y se veía que le costaba mucho trabajo caminar.

IV

"Despertó la compasión de todo el mundo. La gente se indignaba de que un hombre tan viejo y enfermo tuviera que salir a vender para sostenerse. Enseguida le compraban sus chicles mientras a mí ni me veían. Sentí tanto coraje como si mi padre me abandonara de nuevo, y esperé al anochecer para vengarme. Cuando supuse que nadie nos veía, le di al viejo un golpe tremendo en el pecho y lo amenacé con darle otra vez si regresaba a mi territorio. Asustado, con muchos esfuerzos, el viejo se levantó, pero antes de alejarse hacia el Circuito se me quedó mirando sin decir nada. Hoy comprendí lo que intentó decirme con su silencio y le pagué la ofensa."

Lloroso, temblando, Eufrasio se levantó. Pensé que iba a caerse. "Quédese. Es peligroso que salga si aún está mareado". Ignoró mi advertencia y abandonó la farmacia. En la acera de enfrente El Macaco lo observaba todo en actitud de fiera que protege su territorio. Al pasar junto a él, Eufrasio se detuvo a mirarlo en silencio. Presiento que El Macaco no tardará muchos años en descifrar el mensaje.

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lunes, 17 de mayo de 2010

Gracias a los zapatistas

Hermann Bellinghausen
Los pueblos indígenas de México se hicieron visibles el Año Nuevo de 1994, y obligaron a escuchar al país entero gracias al legendario "ya basta" de los zapatistas cuando le dieron una vuelta de tuerca a la historia, se alzaron en armas y dijeron aquí estamos. Nunca antes los pueblos indígenas del país, sus demandas y manifestaciones civilizatorias tomaron el centro del debate nacional. La sociedad nacional supo que había mucho que aprender de los pueblos indios. Los de ascendencia maya y todos los demás.
Gracias a los zapatistas, en la izquierda desmoronada tras el colapso del muro de Berlín renació algo más que una esperanza. México y otros países dieron a luz una generación de activistas y pensadores sociales expuestos a nuevas ideas de liberación y democracia, y nuevas formas de expresar las viejas buenas ideas.

Los indígenas se volvieron extrovertidos, dejaron de pedir, determinados a exigir y resistir. El epicentro de su onda expansiva fue la recuperación de las tierras acaparadas por finqueros y ganaderos que despreciaban a los pueblos, y a sus peones, acasillados o no. Ya bullía un despertar histórico de los pueblos mayas en Chiapas cuando, gracias a los zapatistas, miles de familias indígenas ocuparon la tierra para ocuparse de ella. Se habla de 700 mil hectáreas. Buena parte benefició a los que no eran zapatistas; mas, gracias a su movimiento, los pueblos rebeldes, en particular en la selva Lacandona, al fin tuvieron donde crecerse y vivir bien, con dignidad. México descubrió que la dignidad es un atributo profundo de nuestros pueblos. Por una vez, el vergonzante racismo mexicano chocó de frente con el espejo.

Los zapatistas han dicho, desde el principio, las cosas por su nombre. "Nos enseñaron a hablar con la realidad", admitió alguna vez Carlos Monsiváis. Momentos culminantes, como la comandanta Esther hablando al Congreso y al país, imprimieron en la conciencia nacional la legitimidad indeleble de las exigencias indígenas y la transformación revolucionaria de sus mujeres.

Gracias a los zapatistas, el concepto latinoamericano de guerrilla –y su larga cauda de dolor– dio paso a algo nuevo, y a la vez tan viejo como la civilización: un ejército campesino. Éste, comprometido con la vida, sus pueblos y la liberación nacional desde una insospechada lucidez. Mientras, la sociedad civil se percataba de su propia existencia.

Han demostrado que las paradojas son una forma inquietante de decir la verdad: para todos todo, nada para nosotros/mandar obedeciendo/buen gobierno/un mundo donde quepan muchos mundos/un ejército destinado a dejar de ser ejército. La suya ha sido una sólida paz armada, también inédita y casi milagrosa, pues ocurre sitiada y combatida con "baja intensidad" por la masiva fuerza de ocupación militar del gobierno federal.

Gracias a los zapatistas, por ejemplo, ahora que el país arde en llamas, y sobre todo en miedo (esa "percepción"), Chiapas es una de las entidades más pacíficas. Dicho de otro modo, la desesperada "guerra" gubernamental contra el crimen organizado, beligerante y bien armado, no se libra en Chiapas, porque allí sí hay gobierno en las comunidades. Donde están los municipios autónomos y sus "áreas de influencia" hay muchas cosas, pero no crimen organizado.

Gracias a los zapatistas, en esos territorios sí hay leyes, y se cumplen, aunque los tres poderes de la Unión y los partidos políticos traicionen su palabra siempre que les es necesario. La construcción de la autonomía de los pueblos generó cambios significativos en educación, salud, participación política, organización colectiva. Esfuerzo que no sería posible sin la constancia de las tropas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Gracias a los zapatistas, escritores, pensadores, dirigentes, artistas, fortalecieron la base intelectual de sus posiciones políticas y éticas en América y Europa. La crítica, y de ahí las resistencias contra la nueva etapa del capitalismo y el imperialismo, el neoliberalismo en la era de la globalización, encontró en los zapatistas el impulso definitivo, cuyo pensamiento para la acción se ha desarrollado y elaborado en los escritos del subcomandante Marcos y en las entrevistas más reflexivas de las decenas, quizá cientos, que después de 1994 le hicieron investigadores, periodistas y escritores del mundo.

Las grandes movilizaciones contra el comercio mundial hace una década supieron aprovechar no sólo el mensaje, también la experiencia, en lo que hoy se llaman redes sociales. Los actos y encuentros zapatistas inspiran actos, encuentros, organizaciones y luchas alrededor del mundo. Vamos, gracias a los zapatistas, bandas súper potentes del rock mundial encontraron nuevas cosas gruesas que cantar.

La palabra recuperó su condición de verdad, que la práctica política le había arrebatado en México. Y así como su voz es un arma, un escudo, una fuente, los zapatistas también han enseñado el significado del silencio.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Por qué se rebela la gente?

Enrique Semo
La revolución es un concepto construido por la ciencia social y la experiencia popular. Se trata de un conjunto de sucesos que unidos tienen un significado que los trasciende. Si hablamos de la Revolución Mexicana no sólo nos referimos al Plan de San Luis Potosí, fechado el 5 de octubre 1910, en donde Madero fijó el domingo 20 de noviembre a las seis de la tarde como día y hora en que todas las poblaciones debían levantarse en armas contra Porfirio Díaz. Tampoco es el congreso Constituyente que se reunió el 21 de noviembre de 1916 en Querétaro para redactar una nueva Constitución. La revolución incluye todos los sucesos que llevaron del primer paso en 1910 al segundo en 1916. Analizados por sí mismos, sin construir la relación que existe entre ellos, no tienen el significado de una revolución, que es una transformación profunda de la realidad política y social en la cual interviene como actor importante el pueblo, o una gran parte del pueblo.

Las celebraciones de los dos centenarios han evitado el tema de la revolución: Primero, porque han sido un repaso de toda la historia del país desde la antigüedad indígena hasta la actualidad. Segundo, porque han deconstruido las dos revoluciones de Independencia y Mexicana en una serie de episodios inconexos, de efemérides sueltas, de anécdotas truculentas, que así presentadas pierden su sentido como episodios de un todo: La revolución. Muchas crónicas y fábulas, pocas reflexiones sobre las revoluciones como objetos validos de pensamiento.

Proponemos una visión alternativa basada en tres premisas: las dos revoluciones mexicanas son parte de un proceso mayor que puede llamarse La gesta de México, del antiguo régimen a la modernidad (1810-1940). Que este proceso –como diría Braudel– es un fenómeno de largo plazo que determina los cambios, equilibrios y conflictos dentro de la sociedad. Las revoluciones mexicanas no se pueden comprender exclusivamente por conflictos internos. Deben tomarse en cuenta desarrollos internacionales tormentosos que forman una red a veces poco visible desde nuestro país, pero no por ello menos influyentes. Y por fin que en México las dos revoluciones coinciden por una secuencia muy particular. Son precedidas por un periodo de desarrollo económico y social acelerado; una política de modernización desde arriba manejada por un grupo reducido en el poder, sin participación del pueblo y que termina en una crisis multifacética que al final, desemboca en la revolución.

Desde finales del siglo XVIII la sociedad en Europa occidental entró tempestuosamente en la modernidad. El capitalismo no puede existir sin revolucionar constantemente tecnología, sistemas de trabajo, estructuras políticas, ideología y cultura. El primer impulso a la modernidad en México llegó con los efectos de la Revolución Industrial (1770-1840), la revolución de independencia de las colonias anglosajonas (1776-1783), la Revolución Francesa (1789-1799) y más tarde la crisis del imperio español y los movimientos de independencia de Latinoamérica (1808-1821). La influencia de esos sucesos se filtró por mil caminos diferentes a finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX. Holanda, Inglaterra y Francia introdujeron a marchas forzadas profundas reformas en sus sistemas coloniales para adaptarlos a las nuevas condiciones. España que se estaba quedando atrás, intentó hacer lo mismo iniciando una serie de medidas que se conocen con el nombre de reformas borbónicas. La nueva política colonial se cruzó con un auge de la economía de la Nueva España. La conjugación de las dos significó un crecimiento sustancial de la economía, pero tuvo una serie de efectos negativos sobre las mayorías. La población se duplicó, la producción de plata aumentó con- siderablemente. Para responder a estos desarrollos también la producción agrícola se incrementó. Crecieron las ciudades y el volumen del comercio exterior. Por otro lado, el aumento de la población indígena produjo un hambre de tierras en las comunidades y el incremento de los precios de productos agrícolas, estimuló la agresividad de las haciendas.

Se registró una caída de salarios reales y los obrajes de textiles quebraron por la competencia de productos extranjeros. Aumentaron los tributos y los impuestos a los comuneros. El crecimiento de las exacciones fiscales, junto a los impuestos sobre la plata llevó a una descapitalización brutal. Al final de la Colonia, según comenta Humboldt, la sociedad novohispana era la más desigual de América Latina. Las vicisitudes de la corona española y la invasión napoleónica, desencadenaron la crisis multidimensional que desembocó en la revolución de Independencia. La responsabilidad de ella recae en la falta de disposición a un acuerdo negociado por parte de la metrópoli, que no quiso modificar el régimen colonial y la voracidad, y ceguera de la oligarquía peninsular-criolla lanzó a las masas campesinas y las clases emergentes a la rebelión armada. Detrás de cada revolución hay una ciega intransigencia de las clases dominantes.

El periodo de modernización en el porfiriato en los años 1880-1910 obedeció también a impulsos externos: la segunda revolución industrial que parecía prometer un progreso sin fin. La maquinaria moderna impulsada por el vapor invadió todas las ramas de la producción. Aparecieron nuevas fuentes de energía: la electricidad y el motor de gasolina. Hacia 1890 el número de luces eléctricas y la producción de petróleo se disparó. Se multiplicaron los descubrimientos, el teléfono y el telégrafo se vieron acompañados del cinematógrafo, los automóviles y los radios. Las grandes potencias multiplicaron sus inversiones en los países menos desarrollados, se lanzaron a construir imperios y zonas de influencia. El auge desembocó en una gran crisis económica, una mortífera guerra mundial y una cadena de revoluciones sociales que dio la vuelta al mundo: México, Persia, China, Rusia, Hungría y Turquía.

En México, aparentemente la oligarquía de terratenientes y empresarios tenían en sus manos las posiciones de mando. Pero Díaz muy pronto se alió con los capitalistas estadunidenses y europeos, y abrió la puerta de par en par a sus capitales. Se construyó una red ferroviaria que integró el mercado interno y estrechó los lazos con el mundo de afuera, renació la minería de la plata y la producción de cobre, y hacia el final, de petróleo, se transformó en importante renglón de exportación. Se inició la producción para el mercado interno de textiles, papel, hierro y acero, entre otros productos. En el sur se comenzaron a exportar grandes cantidades de henequén y café. En términos puramente económicos se produjeron cambios valiosos. Pero el pequeño grupo de científicos que gobernaban junto a Díaz no tomaron en cuenta los efectos que estos cambios tuvieron sobre la mayoría del pueblo. Apareció una incipiente clase obrera, pero la prohibición general de asociación produjo las primeras grandes huelgas duramente reprimidas. Surgió una intelectualidad crítica o incluso disidente. Se multiplicaron las expresiones de nacionalismo en la clase media como resistencia al excesivo dominio del capital extranjero. En el campo, la creciente concentración de la propiedad de la tierra llevó a los pueblos libres al borde de la desesperación. Un periodo que aparentemente fue tan exitoso acabó en la crisis económica y una explosión revolucionaria.

Dos formas de cambio: la modernización dependiente desde arriba y la revolución. No hay duda que la segunda se origina en el fracaso y el elitismo de la primera. La modernización desde arriba fracasó porque las elites se olvidaron que el pueblo debe participar de los beneficios del desarrollo. La revolución dio una nueva orientación al desarrollo del país. La revolución de Independencia abrió el paso a los ideales liberales que acabaron por imponerse. La Revolución de 1910 abrió la posibilidad de un Estado nacionalista, una reforma agraria y la incorporación de demandas populares en las políticas de los gobiernos. Ignorar la secuencia es absurdo. El problema es cómo acabar con el círculo vicioso : modernización desde arriba-revolución social.

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El desarrollo científico nacional se está prostituyendo: Genaro Aguilar

José Antonio Román
"El desarrollo científico nacional se está prostituyendo", aseguró Genaro Aguilar Gutiérrez, investigador de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El "objetivo obsesivo" de incrementar los números de los logros de la ciencia y la tecnología en México sin aumentar al mismo tiempo los recursos invertidos en esos rubros se ha traducido en lamentables vicios dentro de la comunidad científica nacional. Esas prácticas, cada vez más recurrentes en la comunidad científica y en las autoridades evaluadoras, se conjugan con el "tráfico de influencias", por el que un investigador puede pasar a ser nivel 3 sin haber estado antes en el 2.

"Hoy día no es poco común encontrar a un grupo de cuatro colegas que se reúnen, toman un café, acuerdan que cada uno de ellos elabore un artículo por separado, pero que todos aparezcan como autores. Un año después cada uno resulta ser autor de cuatro artículos publicados en una revista científica, porque los cuatro sólo anotaron a sus colegas, aun sin que el resto haya desarrollado un ápice de dichas investigaciones. Esto se llama, lo aceptemos o no, simulación", dijo el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Participante en el recién realizado Congreso de miembros del SNI, el investigador del IPN asumió una actitud crítica hacia el sistema de evaluación y contra los vicios incubados en los años recientes.

Citó que otra de las prácticas es la urgente necesidad de que se titulen alumnos de posgrado, sin importar si están bien preparados o no, con tal de ganar o mantener las recompensas y promociones que se otorgan en el sistema.

"Cada vez es más común que los directores de tesis escriban las disertaciones de sus alumnos con tal de que se gradúen. La evaluación ha sido permeada por criterios que dicta la autoridad, no por los emanados estrictamente de la comunidad científica. Pero lo grave es que algunas prácticas que distorsionan la actividad de investigación ya han sido aceptadas como algo más o menos natural", señaló.

Tanto en su ponencia como en entrevista, el investigador del IPN da una larga lista de distorsiones provocadas por un proceso evaluatorio que premia la cantidad y no necesariamente la calidad. Al respecto, cita la práctica, recurrente ya en muchas universidades e instituciones de educación superior, de que algunos profesores "acaparan" a los alumnos de maestría y posgrado para graduarlos.

Hay un caso, comentó, en el que hasta 90 por ciento de los alumnos titulados de un posgrado en los pasados cinco años han sido asesorados por el mismo director de tesis. Esta práctica tiene origen en el sistema de evaluación del SIN, que premia la alta generación, dicen, de recursos humanos especializados.

Pero además, aseveró, existe "tráfico de influencias", del que incluso citó dos casos, sin mencionar los nombres de los implicados. El primero es un investigador que entró al sistema y permaneció en nivel 1 por lo menos 15 años sin poseer el grado de doctor en ciencias. Cuando se volvó diputado federal pasó, mágicamente, a nivel 3 dentro del SNI, incluso sin pasar por el nivel 2.

El segundo, añadió, es un investigador que, al ser designado director de un Centro de Estudios en la Cámara de Diputados, se convirtió en miembro del SNI; así, sin pasar por el nivel de candidato. "Eso es tráfico de influencias, lo quieran o no aceptar las autoridades", concluyó el investigador del IPN.

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martes, 11 de mayo de 2010

Seis indígenas condenadas a 15 y 18 años de cárcel por aborto involuntario en Veracruz

Regina Martínez
JALAPA, Ver., 10 de mayo (apro).- Al menos seis mujeres de las regiones indígenas de Papantla y Zongolica purgan condenas de 15 a 18 años de prisión en las cárceles de esta entidad por haber abortado involuntariamente.

Aún cuando no fue su culpa, las autoridades estatales consideran a dichas mujeres como criminales porque están fueron acusadas de homicidio calificado, denunció hoy el Colectivo Feminista de Xalapa.

Montserrat Díaz, integrante de dicha organización, explicó que la mayoría de esas m ujeres sufrieron abortos de manera natural, es decir, una interrupción del embarazo que no fue voluntaria, pero “fueron acusadas erróneamente aplicando una justicia negativa en su contra”.

De manera coordinada con el Instituto Veracruzano de la Mujer (IVM) y la Dirección de Prevención y Readaptación Social, los colectivos feministas analizan jurídicamente los casos de estas mujeres, “quienes han sido acusadas como criminales desde visiones misóginas”.

De estos seis casos, mencionó, hay dos en los que las mujeres sufrieron un aborto espontáneo por cuestiones de salud a los seis o siete meses de embarazo y por ello, las autoridades ministeriales, las han acusado de haber incurrido en el delito de homicidio calificado y les aplicaron altas condenas en la cárcel.

En noviembre pasado, cuando la iniciativa para elevar a rango constitucional la protección de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural generó un ríspido debate y posiciones encontradas entre agrupaciones civiles, feministas y grupos ligados a la Iglesia católica, el gobernador Fidel Herrera Beltrán se comprometió a promover la liberación de estas mujeres.

A la fecha, siguen en prisión, aunque la activista explicó que están en proceso de análisis, ya que se habló de decretar un indulto o una amnistía. “El indulto sólo elimina las sanciones y la amnistía procede a eliminar las acciones jurídicas que ya están encaminadas y lo que se está buscando es su liberación completa”, dijo.

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Lo que oculta el 10 de mayo

Marta Lamas
MÉXICO, D.F., 10 de mayo.- Hoy que cientos de oficinas públicas y privadas festejan el Día de la Madre, vale la pena recordar cómo surgió la celebración del 10 de mayo, y así tener una pista sobre qué significa hoy su desmedido festejo. En 1982 la SEP publicó, en su colección Memoria y Olvido, la investigación de Marta Acevedo que muestra que en nuestro país la instauración del Día de la Madre estuvo vinculada a una intervención conservadora.

El proceso social yucateco, generado por la Revolución Mexicana, alienta un movimiento feminista que realiza su primer congreso en Yucatán en 1916. Entre otras cosas, se discute la maternidad, planteándose la necesidad de libre elección y aconsejando a las mujeres cómo evitar embarazos no deseados mediante el método anticonceptivo de Margaret Sanger. A principios de 1922, cuando comienza a gobernar Felipe Carrillo Puerto, se realizan varios actos públicos de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste. Grupos de feministas hablan por todo el estado sobre la emancipación de la mujer y sus derechos. Las conferencias son traducidas al maya y se establecen comités feministas en varios lugares. No tardan las críticas al pueblo yucateco, en especial a sus mujeres: Entre marzo y abril de 1922 varios periódicos locales emprenden una campaña contra las feministas y sus propuestas “inmorales” para regular la procreación.

En este contexto, Excélsior retoma la celebración estadunidense del Día de la Madre y convoca a un festejo similar, con el apoyo decidido de Vasconcelos –entonces secretario de Educación Pública–, el arzobispo primado de México, la Cruz Roja y las Cámaras de Comercio. Las propuestas feministas de que la maternidad sea elegida quedan enterradas bajo la avalancha propagandística. De 1922 a 1968, todos los 10 de mayo Excélsior organiza festivales donde premia a las madres más prolíficas, a las más heroicas, a las más sacrificadas. También surge de Excélsior la iniciativa, en 1927, de construir un Monumento a la Madre, que el presidente Miguel Alemán inaugura en 1949 y que hoy es sitio de arranque de las manifestaciones feministas.

¿Qué encubre hoy el torrente discursivo y comercial del 10 de mayo? Por lo pronto, promueve la idea tradicional de la maternidad como un amor incondicional, que implica gran abnegación. Este mito recoge cuestiones reales –las madres sí suelen ser amorosas, generosas y abnegadas–, pero también encubre aspectos negativos o contradictorios del ejercicio maternal. Atrás de la imagen de la “madrecita santa” encontramos a madres agotadas, hartas, golpeadoras, ambivalentes, culposas, inseguras y deprimidas. El mito encubre los descuidos, aberraciones y crueldades que muchas madres –sin duda víctimas a su vez– ejercen contra sus hijos. Pero, sobre todo, la hipervaloración social de las mujeres como madres y el nivel de gratificación narcisista que alienta dificultan que ellas mismas vean ese “trabajo de amor” como una labor que requiere ser compartida y contar con apoyos sociales.

La capacidad femenina de gestar y parir es considerada socialmente como la “esencia” de las mujeres. Por lo tanto, las labores de cuidado de los seres humanos se ven como una cuestión que les corresponde “naturalmente” a ellas. La maternidad es un trabajo entretejido con la afectividad que recibe la mujer a cambio de dosis más o menos elevadas de gratificación psíquica y de poder en el campo interpersonal de la familia y la pareja. Sin embargo, su desempeño es desgastante y puede llegar a ser enajenante. La familia es el lugar del trabajo no reconocido de las mujeres, en su mayoría madres. La responsabilidad de las mujeres por este espacio privado limita su participación pública, sea laboral o política. Aunque se declara que la familia tiene superioridad moral sobre cualquier otro ámbito público, es evidente que no se prioriza políticamente a las familias con medidas que verdaderamente concilien el ámbito laboral con el doméstico: los horarios escolares no son compatibles con los laborales, escasean las guarderías, no hay servicios de cuidado para ancianos, ni lavanderías y comedores colectivos.

Cuando se habla de la maternidad sólo en términos de “destino sublime” se olvidan las horas/trabajo que implica; cuando se elogia la abnegación, se dejan de lado las privaciones que suelen acompañar el trabajo de crianza. Por otra parte, las embarazadas no consiguen empleo, las parturientas son maltratadas en los hospitales y las madres no cuentan con opciones de cuidado para sus hijos y familiares dependientes (discapacitados, enfermos o ancianos), lo que las limita laboral y cívicamente, además de cargarlas con el desgaste físico y emocional que supone atender solas a esos dependientes. Este trabajo de cuidado de los demás subordina socialmente a las mujeres y tiene consecuencias restrictivas en el ejercicio de su ciudadanía y su participación política.

El despliegue retórico del 10 de mayo echa una cortina de humo sobre la poca importancia real que se otorga a este laborioso, complejo y determinante trabajo. Y mientras la mayoría de las mujeres se conforma con la rosa roja o el regalito, las feministas seguimos insistiendo en leyes y medidas que descarguen a las mujeres de la atención de sus dependientes.

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lunes, 10 de mayo de 2010

Binta y la gran idea

Cortometraje que pertenece a la película 'En el mundo a cada rato'. Rodado en Senegal con la ayuda de UNICEF, conduce al espectador al mundo de Binta, una niña de siete años que pone en marcha una obra de teatro infantil para mostrar el deseo de su prima de ir al colegio.


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