miércoles, 13 de enero de 2010

Sabiduría indígena

Para Carla Daniela, el futuro a cobijar

Cuando faltan dos días para iniciarse la Cumbre del Cambio Climático, escucho las voces indígenas, reunidas junto a un fuego.

Un anciano indio mohave llegado de Arizona dice “hay algo muy especial en lo que estamos haciendo, la gente que no es indígena hace una fogata enorme, tan grande que tienen que apartarse. Nosotros, sin embargo, hacemos un fuego pequeño para que todo el mundo tenga que acercarse”. Así fundidos, se puede sentir el calor humano, la más sostenible de las energías. A su lado, apretadita, Rita Pitka que nació en un barco de pesca, del pueblo yupik, en Alaska explica que sus tierras no tienen bosques, no tienen árboles, y confían en la madera que les lleva las corrientes. “El Universo –cuenta- es de todos, por lo tanto, no somos dueños de nada.” Emi, jugando con sus dos trenzas de pelo negro aymara, explica que la naturaleza nos da señales, que hay que escuchar al mauri. El mauri es un pez que vive en los ríos del altiplano andino. “Cuando deposito mis huevos –dice el pez- primero observo donde puedo colocarlos. Si los coloco en el centro del río es porque no va a caer mucha lluvia y para que vivan mis hijitos necesito que estén permanentemente en el agua, y el centro es el lugar más apto, porque es el más profundo. Si yo colocase mis huevos a las orillas del río, significaría que habría constantes lluvias.” Este año los huevos dormitan en el centro del río.

¿Cómo sobreviviremos mujeres y hombres campesinos si nuestra Madre Tierra está enferma?, ¿qué futuro tienen nuestras hijas e hijos?, ¿podemos confiar en estas cumbres? se preguntan. Un dirigente campesino mexicano se levanta y cuenta que una vez fue atacado por un oso. Que miró a los lados buscando ayuda y no vio a nadie. Que miró entonces al cielo y dijo: “Diosito, si no me vas a ayudar, por lo menos no te pongas del lado del oso”. Alrededor de la fogata estallan las risas porque saben que, a pesar de todo, pueden mirar a los lados, pues no están solos.

Gustavo Duch


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